En el siguiente texto, las arquitectas Teresa Rovira Llobera y Carla López, del Grupo IForm de la Universidad Politécnica de Cataluña -dedicado al estudio de la arquitectura moderna- delinean un panorama de la modernidad arquitectónica en América Latina, y específicamente en los países qué mas influyeron en su desarrollo en nuestro país: Argentina, Brasil y Uruguay. Rovira y López son investigadoras asociadas del proyecto de investigación Plataforma de Arquitectura Moderna de Paraguay , y visitaron Paraguay en 2015 y 2016 para impartir seminarios de investigación relacionados con nuestro proyecto.

El presente artículo -en una versión editada pero aún no final- forma parte del libro Plataforma de Arquitectura Moderna de Paraguay, publicación que acompaña este proyecto de investigación, a publicarse en 2017. Las versiones en español y en inglés del artículo pueden descargarse en versión PDF:

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La arquitectura moderna en América Latina

Por:

Doctora Arquitecta Teresa Rovira Llobera
Doctora Arquitecta Carla López

La labor investigadora llevada a cabo durante más de dos décadas por el grupo Form de la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona de la Universitat Politècnica de Catalunya (ETSAB-UPC), actualmente tiene su continuidad en el grupo IForm de la UPC. Su objetivo principal es reforzar el conocimiento de obras de arquitectura latinoamericana en sintonía con los principios del Movimiento Moderno. Si bien el periodo en el que se acota la investigación del grupo es el que va de 1950 a 1965, reconocemos que el ámbito de estudio es de tal dimensión y está constituido por un conjunto de países tan diversos, que en determinados casos ese ámbito puede sin duda ser ampliado. Cada uno de los países objeto de estudio ha tenido devenires políticos, económicos y culturales muy diversos. En ellos, la creación de la primera escuela de arquitectura, origen de una posible arquitectura local, también ha seguido procesos distintos. Ello ha motivado en esos periodos iniciales un desplazamiento de profesionales de un país a otro. Si a ello se le añade el éxodo de arquitectos europeos hacia América Latina, fruto de la Segunda Guerra Mundial, el panorama arquitectónico es de tal riqueza que merece ser analizado con atención. Conviene señalar también que la mayoría de los arquitectos que construyen en América Latina no se ven constreñidos por estrictos planteamientos teóricos sino, al contrario, abordan la arquitectura desde la visualidad con un claro dominio de los recursos formales modernos.

Muchas son las obras que se construyeron, pero también muchas quedaron total o parcialmente sin construir. A efectos de poder trazar una historia completa de la evolución de la arquitectura moderna en América Latina, se han estudiado muchas de estas obras inconclusas, ya que suponen un aporte histórico fundamental. La existencia de muchas publicaciones de gran calidad en ese período inicial de la modernidad ha facilitado la recuperación de este importante patrimonio moderno.

Tanto la situación geográfica singular del Paraguay como la inexistencia de una escuela de arquitectura hasta 1957 propiciaron la continua relación con los países fronterizos —Argentina, Brasil y Uruguay— y esta relación se ha manifestado también en el campo de la arquitectura. Por ello, resulta de interés dedicar una mirada a la evolución de la modernidad arquitectónica en estos países y su relación con Paraguay. Esa mirada se centrará en los arquitectos y sus obras, dado que los aspectos históricos, económicos y sociales han sido tratados de forma extensa en la mayoría de los libros que tratan sobre arquitectura latinoamericana. Otro aspecto que conviene señalar es el reconocimiento de que la contribución de los arquitectos al desarrollo de la modernidad no se llevó a a cabo solamente a través de su producción arquitectónica, sino que también fue acompañada de una labor docente que supuso en algunos casos la creación y en otros la renovación de las escuelas de arquitectura.

En Argentina, la sintonía con los principios de la modernidad europea es inmediata desde sus inicios, en parte debido al flujo de arquitectos europeos hacia Argentina. Figuras como la de Vladimiro Acosta, que llega a Buenos Aires en 1928, contribuyen a esta modernidad temprana, que coincide con un resurgir económico a partir de 1930. No hay que olvidar tampoco los congresos de arquitectura, como el Primer Congreso Panamericano de la Habitación Popular de 1939, que permiten el intercambio de propuestas entre distintos países. Las publicaciones y revistas sobre arquitectura moderna de la época, tales como Nuestra Arquitectura y Revista de Arquitectura, tienen gran difusión y constituyen también un vehículo de importancia en la difusión de la modernidad. Figuras como Mario Roberto Álvarez, que se inicia en la arquitectura en 1936, recorre Europa revisando la obra de Le Corbusier y Walter Gropius para luego proyectar un extenso conjunto de obras, tardíamente reconocidas, que han pautado la modernidad argentina a lo largo de más de medio siglo. Antonio Bonet Castellana —arquitecto que trabajó en España y Argentina, y que se había formado en el estudio de Le Corbusier— contribuyó como corresponsal de varias revistas a la difusión de la arquitectura latinoamericana en Europa.

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Edificio Schiaffino y Posadas / Proyectado por Mario Roberto Álvarez en la década del ’50.

 

En Brasil, los primeros registros de la arquitectura moderna corresponden a mediados de la década del veinte y la del treinta, con nombres como Gregori Warchavchik, Julio de Abreu Jr. y Frederico Kirchgässner, entre otros. No obstante, hasta los años cuarenta era aún prácticamente desconocida en el ámbito internacional.

La segunda visita de Le Corbusier, en 1936, tuvo mucha influencia en la creación del movimiento moderno en Brasil. Como afirma López (2012), se considera que este arquitecto “ha sido la gran inspiración para el florecimiento de una expresión arquitectónica que, aunque influenciada por sus teorías, se ha desarrollado hasta llegar a ser genuinamente brasileña y autónoma”.1 Se inicia el periodo auge de la producción arquitectónica brasileña con el edificio para el Ministerio de Educación y Salud de Rio de Janeiro, considerado por gran parte de los historiadores como el punto inicial de una arquitectura moderna con identidad brasileña, y según Goodwin, el “edificio más avanzado de América”.2 Dicho auge proseguiría hasta principios de los años sesenta.

En 1939, Oscar Niemeyer y Lúcio Costa hacen el proyecto del Pabellón de Brasil en la Feria Mundial de Nueva York, que acabó por tornarse el gran propagador de la arquitectura brasileña en el exterior. Las imágenes y críticas, en su gran mayoría muy positivas, fueron divulgadas en las revistas más importantes del ámbito internacional, alcanzando gran impacto y poniendo a Brasil entre los temas de discusión sobre la “nueva” arquitectura, destacada como referencia de una producción madura, de gran calidad, técnica y con identidad propia.

Entre los personajes importantes de esta época cabe destacar a Affonso Eduardo Reidy. Nombrado arquitecto-jefe de la Dirección de Ingeniería del Ayuntamiento del Distrito Federal en 1932, Reidy empieza a proyectar edificios modernos en una búsqueda por respuestas lógicas al programa, con la racionalización de usos y circulaciones, énfasis en la iluminación, ventilación e insolación, así como el uso del concreto armado en estructuras totalmente moduladas, además de la ausencia completa de ornamentos.

Saturnino de Brito —quien luego se radicaría en Asunción, tornándose una de las grandes figuras del movimiento moderno de esta ciudad— se graduó en la Universidad de Rio de Janeiro y después, en 1936, se incorporó al Departamento de Arquitectura y Urbanismo de la ciudad de Pernambuco bajo la dirección de Luis Nunes. Permaneció en este departamento hasta su disolución, en 1937.

Sin embargo, indudablemente el arquitecto cuya obra ha sido más difundida en la arquitectura carioca es Oscar Niemeyer, quien ha difundido la manera de proyectar de los arquitectos cariocas por todo Brasil. Éste consigue su reconocimiento tras el éxito del proyecto del Pabellón de Brasil en la Feria de Nueva York, sumándose a ello en 1940 el encargo para el complejo de la Pampulha en la ciudad de Belo Horizonte; para 1956, consolida de una vez por todas su prestigio y su carrera con el proyecto de la nueva capital de Brasil.

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Congreso Nacional de Brasil  – Brasilia

 

Brasilia se concreta cuando el presidente Juscelino Kubitscheck inicia un proyecto de modernización del país. Es la culminación del gran proyecto del movimiento moderno brasileño, dando grandes oportunidades a la construcción moderna, ya que gran parte de los edificios gubernamentales serían construidos según las nuevas técnicas y tendencias.

Cabe destacar la importancia que tuvo para la divulgación y el intercambio con las producciones arquitectónicas de otros países la realización de la Bienal de Arquitectura de São Paulo en 1951 y 1953. Durante estas ediciones, Brasil recibió la visita de críticos, historiadores y arquitectos reconocidos internacionalmente, lo cual fue fundamental para la ampliación del conocimiento sobre la arquitectura brasileña fuera del ámbito nacional, así como la afirmación de ésta dentro del país. Entre los nombres presentes, cabe destacar a Sigfried Giedion, Mario Pani, Alvar Aalto, Josep Lluis Sert, Ernesto Rogers y Marcel Breuer, entre otros. Dichas bienales fueron el escaparate del éxito de la nueva arquitectura brasileña, donde los arquitectos de Rio de Janeiro, São Paulo y otros estados expusieron, fueron premiados y, muchas veces, ambas cosas. Es el caso de Lúcio Costa, Oscar Niemeyer, Affonso Reidy, Henrique Mindlin, Rino Levi, Oswaldo Bratke y Paulo Ribeiro, entre otros nombres destacados.

En Uruguay, el ascenso de la economía a mediados y finales de la década del treinta propicia un boom en la construcción de edificios públicos, abriendo espacio para los edificios con lenguaje moderno.

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Banco de Previsión Social / Proyectado por Mario Payssé – Montevideo

 

El movimiento moderno se consolida en el ámbito académico a inicios de los años cincuenta. En la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, no solo se formaron arquitectos como García Pardo, Lorente Escudero, Payssé y Sichero, que configuraron la modernidad arquitectónica uruguaya, sino también fue el lugar donde se formaron muchos de los arquitectos paraguayos como Homero Duarte, Francisco Canese, Ramón González Almeida y Natalio Bareiro, entre otros, quienes introdujeron los principios de la modernidad en Paraguay y contribuyeron a la creación de la Escuela de Arquitectura en Asunción.

A partir de la reformulación del nuevo plan de la Escuela de Arquitectura, en 1952, que proponía el rompimiento con la tradición anterior y un acercamiento al medio, el panorama arquitectónico moderno se enriquece. Arquitectos, entre los que figuran Lorente y Payssé, participan en el florecimiento de un movimiento de relevancia, que trata la arquitectura moderna desde la docencia y la práctica profesional.

Según Lorenzo Zuccolillo, docente y miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Artes, AICA/PY, “la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República Oriental del Uruguay sería en aquellos años una de las instituciones de mayor importancia para la difusión de las ideas avanzadas en arquitectura en el Cono Sur”.3

En el ámbito profesional, Martín González afirma que la implantación de la Ley de Propiedad Horizontal, que regulaba el desarrollo vertical de la ciudad, desarrollada durante el llamado “decenio de oro” (1950-1960), periodo de auge general de la construcción en Uruguay, y en particular de la propiedad horizontal, fue de fundamental importancia en el inicio de la modernidad uruguaya. Los arquitectos parten, a partir de este momento, “en la búsqueda de nuevos caminos que apunten soluciones al desarrollo de temas relativos a la vivienda unifamiliar y multifamiliar. (…) Arquitectos como Raúl Sichero Bouret, destacan con soluciones en planta funcionales y claras, estructuras simples que racionalizan costos y una estética influenciada por Le Corbusier”.4

Resulta siempre difícil sintetizar en un breve artículo la valoración de la importancia del legado arquitectónico latinoamericano. No obstante, al revisar la arquitectura moderna que se desarrolla en ese continente entre 1950 y 1965, pueden extraerse algunas reflexiones que facilitan la comprensión del fenómeno. La primera es que, más allá de la voluntad de definir una arquitectura nacional, el constante flujo de profesionales de un país a otro, profesionales formados en diferentes escuelas, por docentes provenientes a su vez de lugares diversos, constituye un entramado de relaciones tan complejo que las obras producidas en este contexto configuran lo que puede definirse como Arquitectura Moderna Latinoamericana.

La mayoría de las escuelas de arquitectura que se crean en este período nacen ya con la modernidad aprendida, lo que da lugar a un conjunto de profesionales que construyen edificios modernos de calidad.

La segunda es el reconocimiento de cómo las propuestas iniciales de la modernidad arquitectónica, generadas en Europa, son hábilmente recogidas en el continente latinoamericano, tanto por arquitectos europeos como locales, con una voluntad rigurosa de adaptación a las exigencias locales, tanto climáticas como económicas, aprendiendo de la arquitectura tradicional e incorporándola en sus obras.

Las fronteras geográficas no fueron impedimento para el fluir de las ideas arquitectónicas que, beneficiándose de la situación de desarrollo y crecimiento demográfico del período analizado, dan lugar a un patrimonio moderno que, tanto por su calidad como por su cantidad, constituye tal vez el conjunto de mayor valor de la modernidad.

 

Referencias:

  1. “Vilanova Artigas y el ideario moderno. El caso de Londrina”. 1948-1953. Carla López. 2012.
  2. Philip L. Goodwin. “Brazil Builds. New and Old 1652 – 1942”. Museo de Arte Moderno de Nueva York – MoMa. Nueva York, 1943.
  3. “Notas para la consideración de la obra de Homero Duarte en el escenario de la modernidad plástica y arquitectónica del Paraguay”. Lorenzo Zuccolillo. 2012.
  4. “La modernidad uruguaya de los años cincuenta. Mario Payssé Reyes y Lorente Escudero, desde la docencia y la práctica.” Martín González. 2010.
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